Sevilla

Con lágrimas en los ojos y las palmas en alto se despedía esta tarde Joaquín Caparrós del Ramón Sánchez-Pizjuán, el estadio que ha marcado su carrera como técnico. Lo hacía igualando a Manolo Cardo como entrenador con más participaciones en Primera en el banquillo nervionense (156), y con la sensación agridulce de que debieron ser más. En apenas un mes, el utrerano ha descifrado el enmarañado emocional del equipo, y le ha devuelto una voracidad inédita durante los mandatos de Berizzo o Montella. Quién sabe de qué habría sido capaz si la Liga durara dos meses más.
En una última jornada atípica por la intrascendencia de sus partidos, Sevilla y Alavés saltaron al verde con las armas enfundadas en sus cartucheras y el bronceador solar en la mochila. Un partido de palas con la marea tranquila que sólo Ben Yedder se atrevió a boicotear con un gol en el 28′. Entretanto, el ‘Mudo Vázquez’ hacía las veces de niño revoltoso que se dedica a salpicar arena, sacando de quicio a una zaga que se preguntaba si la llegada del verano no iba con aquél tipo espigado. Con todo, Abelardo no tiró en ningún momento el partido, prueba de ello fueron las inclusiones de Munir e Ibai, dos socorristas ofensivos al rescate de los babazorros. Ambos lo intentaron, pero era el día de Caparrós y de su Sevilla. De conseguir sus últimos tres puntos juntos. De despertar de un letargo breve pero placentero.
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Una unión onírica transformada en pesadilla para Sergio Rico, que volvió a ver desde el banco otro encuentro. Ya van casi dos meses. El canterano no se vistió de corto para su más que probable adiós, algo que sí hicieron futbolistas como Lenglet, N’Zonzi o Nolito. Tácticamente, es relevante destacar la vuelta de Sarabia al lateral izquierdo, donde no se le había visto desde la era Sampaoli. El ex del Getafe cumplió con creces ante Sobrino, uno de los jugadores más endiablados y escurridizos del combinado visitante. Un conjunto albiazul que, aun sabiéndose que presentaría un once de circunstancias, sorprendió con la titularidad de Bojan, recluido en los calabozos del ostracismo durante toda la temporada. Con su participación, Abelardo quiso brindar al de Linyola un recuerdo positivo, por ínfimo que sea, de su paso por el cuadro vasco.
La primera parte recibió al espectador con alternativas para ambos combinados. Sandro probó a Pacheco en el 5′ con un remate cruzado, pero su disparo se marchó lamiendo el palo. Sarabia lo encontró cuatro minutos después, cuando le detuvo una falta. Poco después llegó el despertar del Alavés, que avisó con maldad de que sus chutes también esconden veneno. Una gran acción personal de Sobrino a punto estuvo de inaugurar el marcador. La cruceta hizo de ‘stopper’.
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Con el partido sumido en una fase de ofensivas escasas y comedidas, Ben Yedder sacó el gol a bailar en el minuto 28, en una buena combinación con Franco Vázquez, que se la regaló en el corazón del área. El franco-marroquí, rey del baile en el apartado goleador sevillista, ajustició para poner el primer y único gol de la noche. El mérito, sin embargo, fue de un Vázquez que empieza asomarse al apelativo de ‘crack’. Cerca estuvo de firmar el segundo, pero los reflejos de Pacheco y el palo fueron su único impedimento. Pudieron ser muchos más de no ser por el meta visitante, que aún tuvo tiempo de lucirse en un mano a mano ante Ben Yedder en el 38′.