España

A mí, sinceramente, “me da igual” perder. Es decir, ya he vivido una Euro cuando parecía imposible, y luego un Mundial. Hasta ganamos otra Euro de regalo. Así pues, y como me lo paso tan bien en el Mundial, no me supone un drama que eliminen a mi selección. Lo que no me da igual es que la eliminación sea de forma idéntica a 2014 y 2016, por los mismos vicios. La irresponsabilidad en contextos tremendamente profesionalizados (como esa Irán de Queiroz que se quedó a punto de eliminar a Portugal, pero ejemplos hay muchos) sí que me importa. El partido ante Irán no era tan negativo como se quiso hacer ver, el partido de ayer es francamente preocupante, y no porque se mereciera perder (también) sino porque no hay ningún indicio de que esto vaya a cambiar.
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Llevamos meses (años, de hecho) con la cuestión del estilo, la idoneidad de según qué jugadores, etc. Vamos a ver: el fútbol es renovación constante, matización continua ante rivales que se adaptan rápidamente a ti, especialmente si ganas. España no inició su ciclo ganador porque coincidieran Casillas, Puyol, Xavi, Iniesta, Torres y Villa un verano determinado en tierras austríacas. Inició su ciclo ganador porque un seleccionador de vuelta de todo, valiente, miró lo que tenía, eligió lo mejor y desarrolló un plan para potenciarlo, y lo hizo en contra de la cultura imperante (se hablaba de la furia española y todo, aunque hoy resulte cómico recordarlo) y del orden establecido. Tan fácil, tan difícil. Desde que se ganó la Eurocopa 2012, se inició un proceso de vulgarización que no resultaba acorde al descenso de nivel (real, palpable, pero subsanable) de los jugadores seleccionables: primando jerarquías, antiguos modelos y demás sobre estados de forma y matizaciones necesarias llegó la antíteses de la competitivad: forzar onces para encajar en un estilo. Lo contrario a lo que hizo Luis en 2008. Dos palos importantes, 2014 y 2016, ante la huida de la meritocracia que inició Del Bosque (era entendible, había ganado mucho con un grupo determinado, de una forma determinada).
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Todo este preámbulo para decir que Diego Costa no es discutible a día de hoy, si lo que se quiere es ganar: está rindiendo muy, muy por encima de lo que se le ofrece. Incluso está rindiendo a pesar del equipo, en ocasiones. Isco no es discutible. Que Koke es imprescindible es indiscutible. Que Saúl probablemente debería ser titular también es indiscutible. Que Aspas puede (debe) acompañar a Costa, sin necesidad de caer en el cambio de cromos automático (ayer vimos como se quitó a uno para meter a otro y, durante un rato, se procedió a centrar al área. A Iago Aspas, en solitario. Sin Costa -que, por cierto, hubiera sido una ayuda impagable para evitar su juego aéreo, ese 2-1, igual que Saúl). Todo lo demás -Silva e iniesta, que Thiago tenga que jugar, el estado de forma de los centrales, si un De Gea temeroso ayer de su sombra y transmitiendo tantísimas dudas es sostenible, etc- es discutible. Ha de ser discutido, ya. no aquí, sino en Rusia.
Y, o se hace algo ya, o no se competirá.

Y menos mal que se esquivó a Uruguay de milagro. No por caer, ya digo, sino por el cómo hubiera podido ser aquello. Menos mal.